martes 22 de marzo de 2011

Travesuras de la niña mala. (Libro).




Imagina un amor de esos de toda la vida. El tipo que vive enamorado de su mujer, la única mujer en el mundo para él, y que la mima y la consiente como si ayer nomás se hubieran enamorado, como si se enamorara de ella cada vez que la encuentra, un amor que está repleto de detalles, de frases enamoradas, bonitas y cursis, un tío templadísimo de esos que parecen vivir sólo para amar a su pareja. La escucha al teléfono y el corazón se le acelera, la mira y no sólo la admira sino que la hace suya con la mirada, la cuida, la protege y la justifica. ¿Ya se me entendió la idea?
Bueno, entonces ahí tienes —más o menos— lo que es, respecto a la niña mala, Ricardito Somocurcio, personaje principal de la novela.
Ella, en mi opinión, más que niña mala, es niña mañas. Describirla, para efectos de esta humilde entrada comentario, huelga. (Y es que tienes que verla pasearse en las hojas, en cada capítulo, para saberla. Yo te diría que es flaca, mentirosa y manipuladora, pero entonces la menospreciarías y a la niña mala no puedes menospreciarla. Yo te diría que es calculadora, con poquísimos escrúpulos, orgullosa al infinito y de armas tomar, y entonces a lo mejor pensarías que es una mujer osada y, en el fondo, buena, y en eso errarías también).
La novela pues, trata de la relación de amor de Ricardo hacia aquella mujer a lo largo de, a lo mejor, 30 años, si no más; contemplándolo perderla, pretender retenerla, pareciéndola al fin suya y finalmente perderla de nuevo para volver a repetir el círculo, no pocas veces y hasta el infinito.
El ambiente se desarrolla en París, Londres, Tokio y otras localidades, pero todas secundadas por un Miraflores que aparece al principio y casi al final, explícitamente, pero que está por debajo de todo, el resto de la novela.
La prosa de Mario es la de un escritor ducho, exprimentadísimo, aleccionador, y es por supuesto, riquísima, refinada y de buen gusto. En este punto no tengo demasiados elogios que dedicar porque en primer lugar le quedarían flojos y en segundo porque es un maestro y ante él, como escribidor, uno se siente perplejo —y yo particularmente cual pajarito con el piquito abierto, recibiendo de su madre el alimento—.
Se lee rápido —se deja leer—, se disfruta y se siente vívida. Travesuras de la niña mala… una novela que yo regalaría, por ejemplo, a la más lista de mis hermanas con el mismo prólogo con que se la diera a uno de esos tontos enamorados ilusos, henchidos de clichés, que todavía creen en el amor eterno —si ser humano nomás, de plano, ya contradice esa aseveración—: «para que aprendas un poco, la candidez abrumadora de la vida».
Simple.
J.G.S.

3 comentan:

@actvservidor dijo...

Alguna vez, cualquiera ha sido un Ricardito Somocurcio, un niño bueno con una niña mala al lado.

Fernanda dijo...

Quien fuera la niña mala para tener a un Ricardito Somocurcio más que a tus pies.

@actvservidor dijo...

Fernanda; "cuidado con lo que deseas... porque se volverá realidad".

;)

saluos!!