Ocho y 52 o 53 de la mañana. Es viernes y
voy al trabajo –y sí, voy tarde–. Es la esquina de Angamos con Panamá. Y
yo en la C. De mis audífonos suena Oasis. Buena música. El cobrador –al
cielo gracias–, un tipo tranquilo. Dante –talvez–. El carro se detiene.
Como si de un ladrón se tratara, se
trepa, violento por la puerta de adelante, a como puede, un tipo flaco; a
simple vista un viejo flaco y de piel oscura. A simple vista. Ya arriba
recién notas su manera de andar complicadísima. El chofer voltea a
verlo, los demás disimuladamente también, yo estoy exactamente en el
asiento detrás del reservado. Y entonces con su danza convulsa al fin se
sienta. Espera, no. No se sienta. Lo que hace no es sentarse como tú
conoces el verbo. Lo suyo fue dejarse caer de mala y dura manera sobre
el asiento.
Normalmente, en mañanas como esta, llevo
la música a todo volumen para no escuchar el tráfico maldito ni los
malditos y estúpidos bocinazos. Normalmente, en mañanas como esta, no me
interesa nada de lo que pase alrededor. Si es conmigo que me avisen.
Pero esta mañana tengo adelante mío a
este temblor continuo. Esta mañana no puedo perderme siguiendo la
batería, no puedo concentrarme en el solo de la guitarra de Metallica
haciendo Seek and destroy. Esa canción que se canta delante de mí no me
cuadra. Su ritmo me aja cualquier intento de distracción que quisiera
aplicarme. No puedo no mirarlo. Pero no me fastidia, es extraño. Junto
mis pies, me intento sentar derecho, me tomo del asiento con cierta
fuerza, miro brevemente a los demás y me quedo quieto en mi lugar y
mirando al frente.
Parece que le dice algo a la mujer que
está sentada a su lado. No lo oigo pero sé que algo le dice por los
gestos. Le muestra su mano izquierda. Una mano ennegrecida, seca y
temblona. No parece una mano, parece una pieza de mecánica, parece, no
sé, como algo que sobró de una máquina, sí, parece una sobra. Y no deja
de temblar. Ése temblor la hace tétrica y no me deja apreciarla como
quisiera.
Sé que me voy a poner triste si pienso en
qué tipo de vida lleva. ¿Cómo será vivir así? No sigo, no debo seguir,
me haré daño. Lo sé. Es que me hace recordar a un conocido de hace
muchos años. Me recuerda al hombre hemodializado que murió hace algunos
años, que dejó huerfanita a su única hija de menos de 10 añitos y que no
olvido. Lo sigo viendo.
Éste hombre lleva una gorra. Se la pone,
se la quita y se la vuelve a poner. Trata de mantener su mano izquierda
quieta y entonces sus hombros empiezan a saltar. Trata de meter la mano
al bolsillo de su casaca y de súbito se para. ¡Mierda! Bajo el volumen
de mi mp3. El carro está quieto, gracias al cielo. Sus hombros suben,
bajan, se le contraen hacia el pecho y él intenta meter la mano derecha
al pantalón. Lo logra. Se queja. No tiene ahí lo que busca. Se deja caer
al asiento. Suena un golpe. Algo fastidiado, creo que más por el
espectáculo que por el golpe, al fin consigue meter la mano a la casaca y
saca un sol. Se lo da al cobrador. Esa mano derecha también está enjuta
y ennegrecida. El F en el mp3 canta El oso. Han pasado cuatro años de esta vida, con el circo recorrí el mundo así.
Miro afuera, a Angamos, y hay
carteles de Lourdes apostados en la berma central. El tipo de mi lado va
leyendo una revista. Los demás no sé qué hacen. Yo, por mi parte,
aunque miro afuera sigo mirando por dentro al hombre aquel.
Ahora suena Let it be. Qué bonita
melodía. Qué sencilla. (¿Te acuerdas la canción esa que me hacía llorar?
La de Biper que dice Con el dedo en la nariz, bajo hasta los pies, vuelvo a la cintura. ¿Sí te acuerdas? Igual. Qué sencilla).
Todo lo que hemos hecho, es decir, lo que
la humanidad ha hecho, qué impresionante. Comprendemos la naturaleza de
casi todo, creamos belleza de cosas sencillas, todo lo que compartimos
por el internet… Todo lo bueno, todo lo hermoso, todo lo grande. Qué
impresionante.
Y las desgracias también. Y las
enfermedades también. Y las muertes más que las vidas también.
Impresionante dices y yo ya no sé cómo se entiende eso.
Que si Bayly y Tongo, que Lourdes y
Susana, que El comercio o que El chino, que Magaly y que los ampays. No
me jodas. Vuelve a definir impresionante. Vuelve a definir sorprendente.
Que por qué no veo televisión. No me jodas. Tu cabeza está llena de ratas, gracias a ella. Vuelve, mejor, a definir el significado del monosílabo Tú.
Lo que es yo, yo estoy como la canción, que veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades… y el tiempo no para.






3 comentan:
Data de setiembre de hace dos años...
El futuro no existe, la realidad es la que pega duro, el hoy nomás.
Un beso.
Oh, I believe in... today!
(con musiquita de Yesterday, de The Beatles)
saluos, mi malque bella!!
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